Los disturbios fueron atizados por rumores y especulaciones en internet sobre la identidad del sospechoso, falsamente presentado como un solicitante de asilo musulmán.
La policía informó, sin embargo, que el sospechoso era un joven de 17 años nacido en Gales y los medios británicos reportaron que sus padres eran ruandeses.
El primer ministro, el laborista Keir Starmer, prometió el lunes condenas “rápidas” para los alborotadores y denunció “el odio de extrema derecha”.
La secretaria de Estado de Justicia, Heidi Alexander, anunció la movilización de 6.000 policías especializados en el mantenimiento del orden y la liberación de 567 plazas en las prisiones.
“Nos aseguraremos de que todos aquellos que reciban penas de cárcel por los disturbios y desórdenes tengan una plaza en prisión esperándoles”, declaró en la cadena BBC.
Al menos 378 personas fueron detenidas desde el inicio de las violencias, según la policía.
En una carta enviada al periódico The Times, líderes religiosos, cristianos, musulmanes y judíos condenaron los actos de “odio y violencia” dirigidos contra mezquitas y solicitantes de asilo, y dijeron que representaban “una mancha en nuestra conciencia moral nacional”.
Hoteles que albergan a solicitantes de asilo y mezquitas fueron blanco de ataques a lo largo del fin de semana.
En Burnley, en el noroeste de Inglaterra, las autoridades abrieron una investigación por acto racista después de que tumbas fueran vandalizadas en la parte musulmana de un cementerio.
Las violencias continuaron el lunes, sobre todo en Belfast, en Irlanda del Norte, donde un hombre de unos 30 años resultó herido tras una agresión considerada por los investigadores como motivada por el odio.
Durante varias horas, la policía fue blanco de cócteles molotov y se le lanzó ladrillos o trozos de hormigón, según la policía norirlandesa.
En Plymouth, en el suroeste de Inglaterra, seis personas fueron detenidas y varios policías resultaron levemente heridos, según la policía.
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