China- El país más poblado del mundo, enfrenta un desafío demográfico alarmante: la disminución de las tasas de natalidad. Beijing ha lanzado una agresiva campaña pronatalista, pero las mujeres, marcadas por décadas de políticas coercitivas, como la del hijo único, rechazan la iniciativa.
La política del hijo único, impuesta en 1979, dejó cicatrices profundas en la sociedad china. Durante más de 30 años, abortos selectivos y el infanticidio resultaron en la desaparición de millones de niñas. Además, las autoridades forzaron a muchas mujeres a adoptar métodos anticonceptivos permanentes. Aunque Beijing eliminó esta política y ahora permite hasta tres hijos, los años oscuros aún pesan en la memoria colectiva.
Lü Pin, destacada feminista china, subraya el impacto de la planificación familiar coercitiva en las mujeres. “La violencia estatal marcó profundamente a las mujeres… y la gente todavía no lo ha superado”, afirma. “¿Espera ahora que las mujeres olviden todo esto y acepten su impulso para aumentar la natalidad? ¡Ni hablar!”
Hoy día las mujeres, atormentadas por las luchas de sus padres y sus propios sacrificios como hijas bajo la política del hijo único, o la “ política del hijo y medio ”, que reforzó la preferencia tradicional china por los hijos varones al implicar que las niñas valían “la mitad” que los niños, hacen que ahora vean la maternidad con resistencia. Esta resistencia se refleja en la baja tasa de fertilidad de ciudades como Shanghái, donde la mitad de las mujeres no tiene hijos.
Las campañas de Beijing para fomentar una “cultura pronatalista” incluyen incentivos económicos y ampliación de licencias por maternidad. Sin embargo, las mujeres responden con escepticismo, evocando lemas de la era del hijo único como “Menos hijos, vidas más felices”. Para muchas, la maternidad sigue siendo una decisión compleja, marcada por el dolor del pasado y las expectativas actuales.
Entre 1980 y 2014, millones de mujeres se sometieron a procedimientos anticonceptivos permanentes, como la implantación de dispositivos intrauterinos (DIU) y la ligadura de trompas. Estos métodos, impulsados por el estado, han dejado secuelas en la salud de muchas mujeres, agravando su reticencia a abrazar la agenda pronatalista de Beijing.
La población china envejece rápidamente, y Beijing lucha por revertir la tendencia, pero las mujeres, marcadas por décadas de control estatal, no están dispuestas a seguir ciegamente el nuevo rumbo. La maternidad, para muchas, sigue siendo un recordatorio de los sacrificios impuestos por el estado, y la resistencia a la agenda pronatalista parece ser una forma de recuperar el control sobre sus cuerpos y sus vidas.
Fuente: CNN






