El silencio de una llama que marcó la historia de Aruba

El Monumento 18 de Marzo, símbolo de la unión arubeña, permanece sin su llama encendida. Diego Martijn, nieto de dos firmantes de la moción por el Status Aparte, cuestiona la decisión del gobierno anterior de apagarla.

por | Oct 14, 2025

ORANJESTAD- El Monumento 18 de Marzo, ubicado en Lagoen, ha sido durante décadas un símbolo de la unión y la lucha por la identidad arubeña. Su llama, encendida en honor a quienes soñaron con el Status Aparte, representaba la esperanza de un pueblo que nunca dejó de creer en su soberanía. Hoy, sin embargo, ese fuego que alguna vez iluminó la memoria colectiva de la isla permanece apagado.

El arubiano Diego Martijn, residente en los Países Bajos y oriundo de Rooi Kochi, regresó recientemente a la isla para visitar a su familia. Durante su recorrido, algo le llamó profundamente la atención. El símbolo más representativo del movimiento que marcó el rumbo de Aruba ya no ardía. Su sorpresa se convirtió en preocupación al conocer que la llama del Monumento 18 de Marzo había sido retirada por decisiones presupuestarias del gobierno anterior.

Para Martijn, el apagón de la llama no solo es una pérdida simbólica. Es una falta de respeto hacia quienes formaron parte de uno de los capítulos más importantes de la historia de Aruba. En 1948, 2147 ciudadanos firmaron una moción presentada en la conferencia de la Mesa Redonda en los Países Bajos, expresando el deseo de que Aruba tuviera su propio camino político.

Entre esos firmantes estuvieron Paulus Martijn y Genaro Rasmijn, abuelos de Diego. Su participación dejó una huella imborrable en la familia y en la historia del país. Por eso, ver el monumento sin su llama encendida tiene para él un significado doloroso.

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Una llama que representa más que historia

El 18 de marzo es una fecha sagrada para los arubeños, no solo por conmemorar el Día de la Bandera y el Himno, sino porque simboliza el espíritu de unidad nacional. Martijn considera que la llama debe ser reencendida para rendir tributo a todos aquellos que creyeron en la independencia y la dignidad del pueblo arubeño.

“No se trata de política, sino de respeto”, afirma. Para él, el valor cultural del monumento trasciende colores y gobiernos. Mantener viva esa llama no es solo una cuestión de memoria histórica, sino un compromiso con las generaciones futuras.

El apagón de la llama revela, según Martijn, una desconexión entre las autoridades y los símbolos que forjaron la identidad del país. “El monumento representa el esfuerzo de todos los barrios, de todas las familias que soñaron con un futuro mejor. Apagarlo es olvidar de dónde venimos”, expresó con tono firme.

Aruba, dice, necesita recuperar ese fuego. No solo como gesto simbólico, sino como recordatorio de que su unidad sigue siendo el verdadero motor de su progreso. La llama del Monumento 18 de Marzo no debe extinguirse, porque su luz pertenece a todos.


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