Un nuevo estudio liderado por la University College de Londres (UCL) encendió las alarmas sobre los efectos del tabaquismo, al demostrar que tanto el cigarrillo convencional como el electrónico no solo afectan los pulmones y el corazón, sino también el cerebro. La investigación, publicada en la prestigiosa revista The Lancet Healthy Longevity, sugiere que el impacto del tabaco se extiende mucho más allá del sistema respiratorio, alcanzando funciones cognitivas esenciales como la memoria y la fluidez verbal.
El estudio analizó datos de 9.500 personas en 12 países, ofreciendo una mirada amplia sobre cómo el consumo de nicotina puede alterar el funcionamiento cerebral. Según los investigadores, las personas que abandonaron el hábito antes de los 40 años mostraron un deterioro cognitivo más lento, lo que indica que nunca es tarde para dejar de fumar. Sin embargo, el daño neurológico causado por años de consumo podría ser parcialmente irreversible.
Efectos en la memoria y la fluidez verbal
Uno de los hallazgos más preocupantes del informe señala que la fluidez verbal disminuyó en un 50 % y la memoria en un 20 % en los exfumadores. Aunque estas cifras son inferiores a las observadas en fumadores activos, demuestran que el cerebro sufre alteraciones incluso después de abandonar el cigarrillo. Los expertos explicaron que la nicotina y otros compuestos tóxicos del humo alteran el flujo sanguíneo cerebral, reduciendo la oxigenación de las neuronas y afectando la plasticidad del cerebro.
Además, los investigadores advirtieron que los efectos del cigarrillo electrónico no deben subestimarse. A pesar de presentarse como una alternativa “menos dañina”, los vaporizadores también contienen sustancias químicas que podrían generar inflamación cerebral y afectar la conectividad neuronal. El estudio resalta que el cerebro de los usuarios de vapeadores mostró patrones similares de deterioro a los de los fumadores tradicionales, aunque en menor grado.
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Abandonar el tabaco sigue siendo clave para la salud cerebral
El informe de la UCL concluye que dejar de fumar a tiempo puede retrasar el envejecimiento cognitivo y mejorar la calidad de vida en la vejez. Los investigadores recomiendan fortalecer las campañas de salud pública para incluir la protección del cerebro dentro de los mensajes sobre los riesgos del tabaco.
Asimismo, destacan que las políticas de control del tabaco deben ampliarse para cubrir los cigarrillos electrónicos, especialmente entre los jóvenes, quienes los perciben erróneamente como inocuos. La Organización Mundial de la Salud (OMS) respalda esta visión y ha advertido en repetidas ocasiones sobre el incremento del consumo de vapeadores entre adolescentes, lo que podría anticipar una nueva generación afectada por deterioro cognitivo prematuro.
El estudio de la UCL representa una advertencia contundente: fumar, en cualquiera de sus formas, daña la mente tanto como el cuerpo. La evidencia científica confirma que el abandono del tabaco no solo salva pulmones, sino también neuronas.






