Una de las operaciones militares más contundentes del actual gobierno colombiano dejó 19 guerrilleros muertos en la Amazonía. Estos pertenecían a las disidencias de las FARC lideradas por alias Iván Mordisco, uno de los insurgentes más buscados del país. El alto mando militar colombiano confirmó que hombres armados ejecutaron el ataque en la madrugada del 10 de noviembre, tras el fracaso de los diálogos de paz con esa estructura. El presidente Gustavo Petro ordenó personalmente la ofensiva, describiéndola como una “disolución militar” del grupo rebelde.
Según informó el almirante Francisco Cubides, comandante de las Fuerzas Militares, la operación fue lanzada ante un ataque inminente contra las tropas desplegadas en la zona selvática. El bombardeo dejó además una persona capturada, tres menores rescatados y abundante material de guerra incautado. Cubides señaló que la decisión de actuar con fuerza aérea se tomó para evitar una emboscada a los soldados que operaban en tierra. La ofensiva se desarrolló en un enclave estratégico de las disidencias del autodenominado Estado Mayor Central (EMC), que opera en el sur del país.
Petro ordena ofensiva tras romper el diálogo de paz
El mandatario colombiano confirmó la operación en un mensaje publicado en X, donde anunció “el bombardeo y la disolución militar” del grupo liderado por Mordisco. La ruptura definitiva del proceso de paz se produjo luego de repetidos incumplimientos por parte de las disidencias, que habían intensificado sus ataques en los últimos meses. Mordisco, quien se había sentado a negociar con el Gobierno en 2023, rompió los acuerdos en 2024 y emprendió una ofensiva violenta en varias regiones del país. Especialmente en la Amazonía y el suroccidente colombiano.
Para el gobierno, el golpe representa una respuesta firme ante las críticas de la oposición, que lo acusaba de tener una política de seguridad débil. Además, ocurre en un momento de tensión diplomática con Estados Unidos, cuyo presidente, Donald Trump, impuso sanciones financieras a Colombia y revocó su estatus de aliado estratégico en la lucha contra el narcotráfico. La Casa Blanca había cuestionado el enfoque de Petro, alegando que su administración “no hace lo suficiente para frenar la producción de cocaína”.
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Impacto político y militar del operativo en el sur del país
El ataque contra el grupo de Iván Mordisco es considerado el mayor bombardeo del gobierno Petro y un hito en su política de seguridad. Fuentes castrenses afirmaron que la operación fue “quirúrgica” y que se evitó afectar a la población civil. Expertos en conflicto armado señalaron que la acción refuerza la autoridad del Estado en zonas donde los grupos ilegales habían ganado poder tras la desmovilización de las FARC en 2016.
El desarme de la antigua guerrilla dejó un vacío de poder en los territorios rurales, ocupado posteriormente por disidencias, paramilitares y redes del narcotráfico. Estos grupos se financian mediante la minería ilegal, la extorsión y el tráfico de drogas, consolidando su presencia en regiones como el Guaviare, el Meta y el Caquetá. En esas zonas, las facciones de Mordisco y alias Calarcá se disputan el control territorial, generando nuevos ciclos de violencia.
El presidente Petro aseguró que el país “no renunciará a la paz, pero tampoco permitirá que se imponga la violencia”. En sus declaraciones, enfatizó que el gobierno seguirá actuando “con toda la fuerza del Estado” contra las estructuras que persistan en el conflicto. El operativo militar marca un punto de inflexión en la estrategia del mandatario, que ahora busca equilibrar la vía del diálogo con acciones de defensa contundentes ante los grupos armados.






