Agentes de protección de la vida silvestre en Australia realizaron una intervención en las afueras de Sídney tras descubrir una granja clandestina con más de 100.000 cucarachas, en una operación que puso al descubierto un mercado ilegal de insectos exóticos. El hecho ocurrió en la localidad de Bathurst, al oeste de Sídney, y fue confirmado el 5 de junio de 2026 por el Ministerio de Medioambiente de Australia, que lideró el operativo. La acción se llevó a cabo con el objetivo de frenar la cría y comercialización ilegal de especies no autorizadas en el país.
Según las autoridades, el criadero funcionaba de manera encubierta y mantenía especies como cucarachas de Madagascar y cucarachas “dubia”, utilizadas habitualmente como alimento para reptiles domésticos. El valor estimado del cargamento supera los 200.000 dólares australianos, equivalentes a más de 140.000 dólares estadounidenses, lo que evidencia la dimensión económica del comercio ilegal detectado. El ministerio indicó que el caso representa un riesgo para la biodiversidad y la bioseguridad del país.
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Operativo y hallazgo en Bathurst
Durante la redada, los agentes encontraron insectos en distintas etapas de desarrollo, incluyendo ejemplares de gran tamaño que alcanzaban dimensiones cercanas a la palma de una mano adulta. Las imágenes difundidas por las autoridades mostraron la magnitud del criadero, considerado uno de los más grandes detectados en la región en los últimos años.
El Ministerio de Medioambiente subrayó que la cría y comercio ilegal de cucarachas exóticas está prohibida, y advirtió a tiendas de mascotas y propietarios de animales sobre los riesgos de este tipo de prácticas. La presencia de especies no nativas puede alterar ecosistemas locales y generar impactos en la fauna autóctona.
Las autoridades ambientales reiteraron que su prioridad es la protección de la biodiversidad única de Australia, destacando la importancia de controles estrictos frente al tráfico de especies. En este caso, la intervención permitió desmantelar una operación que operaba fuera de la regulación oficial.
Tras el decomiso, el gobierno confirmó que las autoridades sacrificarán los insectos incautados, debido a los protocolos de bioseguridad que impiden su liberación o redistribución. Esta decisión, aunque compleja, forma parte de las medidas para evitar la propagación de especies invasoras.
El caso ha generado atención en el país por la singularidad del hallazgo y por la magnitud del criadero ilegal, que operaba a pocos kilómetros de una de las principales ciudades de Australia.







