Aruba decidió cerrar definitivamente el capítulo que por casi un siglo marcó su historia económica. La isla caribeña deja atrás la industria petrolera para abrazar un modelo basado en sostenibilidad, innovación y energía limpia. Este cambio, impulsado por el primer ministro Mike Eman, representa un giro estructural en la visión del país.
Durante décadas, el petróleo fue sinónimo de progreso y estabilidad. Desde 1924, con la llegada de Lago Oil and Transport Company, Aruba se convirtió en un centro estratégico de refinación. La compañía, perteneciente a EXXON, llegó a emplear más de 10.000 personas. Su impacto económico fue tan profundo que moldeó la vida social y laboral de generaciones enteras. Sin embargo, ese auge no sería eterno.
Años después, en 1927, la apertura de Arend Petroleum Company Ltd, operada por Royal Dutch Shell, reforzó la importancia de Aruba en el mapa energético. Aunque de menor tamaño, su aporte fue decisivo para el desarrollo industrial y urbano de la isla. Ambas refinerías impulsaron la modernización de Aruba, pero también generaron una dependencia que marcó su rumbo por casi cien años.
Cuando Lago cesó operaciones en 1985, el cierre dejó a miles de familias sin sustento. Muchas emigraron, mientras Aruba buscaba reinventarse. Intentos posteriores con empresas como Coastal Corporation, Valero Energy y CITGO Petroleum Corporation no lograron revivir la industria. El último esfuerzo, en 2016, culminó en 2019 tras las sanciones estadounidenses contra PDVSA, matriz de CITGO.
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Una nueva visión para San Nicolás y la economía arubeña
Ante un contexto global donde la sostenibilidad y la energía limpia son prioridad, el gobierno de Eman optó por un cambio radical. En lugar de insistir en reactivar la refinería, se destinará el área industrial de San Nicolás a proyectos verdes y tecnológicos. El propósito es transformar el lugar donde alguna vez reinó el petróleo en un motor de innovación y empleo sostenible.
El plan maestro incluye el desarrollo de zonas industriales ecológicas, espacios para la investigación en energías renovables y la promoción de una economía circular. Esta transición simboliza no solo un cambio económico, sino también un cambio de mentalidad colectiva. “La sostenibilidad exige valentía”, expresó el ex primer ministro neerlandés Dick Schoof durante su visita a Aruba, destacando el valor simbólico y emocional de esta decisión.
El Gobierno neerlandés respaldará este proceso con 110 millones de florines y apoyo técnico especializado para garantizar una limpieza ambiental eficiente de la zona. Este aporte refleja el compromiso de los Países Bajos con el futuro sostenible de la isla.
Así, Aruba cierra un siglo de dependencia petrolera para escribir un nuevo capítulo centrado en la innovación, la responsabilidad ambiental y el bienestar de su comunidad. La era del petróleo llega a su fin, y con ello, nace una nueva esperanza verde en el corazón del Caribe.






