Tres días después del devastador paso del huracán Melissa, Jamaica comenzó a recibir aviones y helicópteros cargados con ayuda humanitaria para atender a los miles de afectados por el ciclón. El fenómeno, considerado uno de los más poderosos en la historia reciente del Caribe, dejó una estela de destrucción y duelo en la isla. Según las autoridades, al menos 19 personas perdieron la vida, y otras cinco muertes permanecen bajo investigación.
El gobierno jamaicano, encabezado por la ministra de Información Dana Morris Dixon, confirmó que las zonas más afectadas se encuentran en el oeste del país, donde la devastación es calificada como “inimaginable”. Durante una rueda de prensa, Dixon señaló que los esfuerzos de rescate continúan y que la prioridad sigue siendo restablecer los servicios básicos y atender a las comunidades que permanecen incomunicadas.
El ministro de Transporte, Daryl Vaz, informó que el aeropuerto internacional de Kingston reanudó operaciones parciales el jueves, permitiendo el ingreso de 13 aviones cargados con alimentos, medicinas y suministros esenciales. A ellos se sumaron vuelos comerciales y privados que trasladaron personal médico y voluntarios. Las autoridades esperan que los tres aeropuertos internacionales del país vuelvan a operar con normalidad a partir del sábado.
La ayuda internacional ha sido fundamental en esta etapa inicial. Estados Unidos envió entre ocho y diez helicópteros equipados para misiones de rescate y transporte de emergencia, especialmente hacia las zonas rurales del oeste, donde miles de personas permanecen sin electricidad ni agua potable. Dixon agradeció la “extraordinaria solidaridad” mostrada por la comunidad internacional, asegurando que “Jamaica atraviesa un momento muy difícil, pero estamos de pie”.
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Una crisis marcada por el cambio climático
El huracán Melissa tocó tierra el martes como un ciclón categoría 5, con vientos que alcanzaron los 300 kilómetros por hora. Su fuerza arrasó viviendas, destruyó carreteras y dejó campos agrícolas completamente inundados. Según las autoridades, se trata del huracán más violento que ha impactado la isla en los últimos 90 años.
El impacto del fenómeno, impulsado por los efectos del cambio climático, se sintió con fuerza también en Haití y el este de Cuba, elevando el número total de fallecidos en el Caribe a cerca de 50 personas. En Jamaica, miles de desplazados buscan refugio en albergues temporales, mientras equipos de emergencia trabajan para restaurar la energía eléctrica y el acceso a alimentos básicos.
El gobierno jamaicano ha declarado estado de emergencia en varias parroquias del oeste y pidió a la población mantener la calma y seguir las recomendaciones de seguridad. “Nos tomará tiempo levantarnos, pero lo haremos juntos”, afirmó Dixon en su mensaje final.
La reconstrucción apenas comienza, y aunque la pérdida humana y material es enorme, Jamaica intenta mostrar al mundo que, incluso frente a la adversidad, su espíritu permanece firme y resiliente.






