Cuba atraviesa una grave emergencia sanitaria, impulsada por la expansión simultánea de dengue, chikungunya y oropouche, que ha desbordado la capacidad del sistema público. En las últimas semanas, los hospitales colapsaron por completo, evidenciando la falta de recursos básicos. El Ministerio de Salud reportó 38.938 casos de chikungunya, junto con transmisión activa de dengue en todo el país, la crisis avanza sin control.
La situación se volvió más crítica con la confirmación oficial de 33 fallecidos, entre ellos 21 menores de edad, un dato que conmocionó a la población. Las autoridades reconocen carencias severas de medicamentos, reactivos y personal médico, factores que impiden una atención efectiva. La escasez añade presión a un sistema frágil, debilitado por años de dificultades estructurales. La población vive en incertidumbre permanente.
Las condiciones higiénicas, afectadas por la falta de agua, alimentos y servicios básicos, han favorecido la proliferación de mosquitos. El aumento de criaderos complica el control epidemiológico, especialmente en zonas densamente pobladas. Las brigadas sanitarias no logran cubrir toda la demanda, mientras el avance del brote continúa. Las autoridades admiten que el escenario es extremadamente desafiante, pues la isla enfrenta un momento crítico.
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Testimonios revelan un impacto mayor al reportado oficialmente
Ciudadanos y trabajadores del sector salud advierten que la realidad es más grave que las cifras divulgadas. Aseguran que los contagios son más numerosos y que algunos fallecimientos no han sido registrados. La diferencia entre la información oficial y los testimonios alimenta preocupación pública, la desconfianza crece rápidamente.
Los hospitales están saturados, y muchos pacientes son enviados a casa sin un diagnóstico claro. Una enfermera de Matanzas lo resume con frustración: “Nos mandan a casa con reposo y sin diagnóstico”, una queja que refleja el agotamiento del personal. El desgaste emocional es evidente.
Las familias enfrentan dificultades para acceder a repelentes, insumos médicos y atención oportuna. La crisis se agrava en zonas vulnerables, donde las condiciones higiénicas son limitadas. La combinación de pobreza, escasez y brotes simultáneos convierte este momento en uno de los más complejos para la isla. La emergencia sanitaria continúa en ascenso.






