El pasado jueves 26 de febrero de 2026, la vicepresidenta venezolana Delcy Rodríguez solicitó públicamente al presidente estadounidense Donald Trump el fin de las sanciones económicas que afectan al país. La petición ocurrió durante un discurso en Caracas, transmitido desde el Teatro Teresa Carreño, donde Rodríguez llamó a Trump “socio y amigo”. El mensaje surge en un contexto de tensiones diplomáticas que, recientemente, han mostrado señales de acercamiento entre Caracas y Washington.
La funcionaria destacó que la solicitud busca reactivar inversiones, comercio y diálogo bilateral, argumentando que las sanciones han impactado especialmente a la juventud venezolana. Rodríguez afirmó que el levantamiento de medidas permitiría mejorar oportunidades educativas y laborales, al tiempo que facilitaría una agenda conjunta de cooperación. El pronunciamiento se produce tras referencias positivas hacia Venezuela en el más reciente discurso del Estado de la Unión de Trump, interpretadas por Caracas como una señal de cambio en la relación bilateral.
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Apertura diplomática y agenda energética
Durante su intervención, Rodríguez aseguró que Venezuela no representa una amenaza para Estados Unidos, insistiendo en que las diferencias históricas pueden superarse mediante una nueva agenda de cooperación. La vicepresidenta planteó que el diálogo debe traducirse en acciones concretas, especialmente el levantamiento del bloqueo económico y la flexibilización de sanciones. En ese marco, Caracas destacó la emisión de licencias estadounidenses que permiten a empresas operar en el sector energético venezolano bajo ciertas condiciones, interpretadas como un primer paso hacia la normalización.
La relación entre ambos países permaneció deteriorada durante años, marcada por sanciones, ruptura diplomática y disputas políticas. Sin embargo, recientes visitas de funcionarios estadounidenses a Venezuela y el incremento del debate sobre levantamientos graduales de sanciones han alimentado expectativas de cambio. Analistas señalan que este nuevo tono podría favorecer intercambios comerciales y cooperación energética, aunque advierten que persisten tensiones políticas que dificultan una normalización completa.
La petición también coloca al sector petrolero en el centro de la agenda bilateral. Venezuela, con amplias reservas de crudo, busca reinsertarse en el mercado internacional y fortalecer vínculos con empresas estadounidenses. El reconocimiento del suministro de barriles venezolanos dentro del mercado energético estadounidense sugiere un terreno de cooperación potencial. Con este pronunciamiento, el gobierno venezolano intenta impulsar una nueva etapa diplomática, orientada a atraer inversiones, estabilizar su economía y redefinir la relación con Washington tras años de confrontación.






