La República Dominicana anunció que pospuso la Décima Cumbre de las Américas para 2026. Esto tras un “cuidadoso análisis” de la situación en la región, marcada por tensiones políticas, militares y humanitarias. El encuentro hemisférico, que debía realizarse en diciembre de 2025, fue suspendido luego de consultas con socios internacionales, incluido Estados Unidos, país que actualmente lidera un amplio despliegue militar en el Caribe.
El Ministerio de Relaciones Exteriores dominicano explicó que la decisión busca garantizar las condiciones adecuadas para un evento “representativo y seguro”. En su comunicado, la institución aseguró que todos los recursos invertidos hasta ahora se mantendrán para la nueva fecha. Este movimiento diplomático llega en medio de un contexto regional convulso, donde la seguridad y la estabilidad política se han convertido en prioridades inmediatas.
La cumbre se aplaza entre tensiones y exclusiones
El evento, originalmente previsto del 1 al 6 de diciembre de 2025, tenía como objetivo fortalecer el diálogo hemisférico y consolidar los compromisos democráticos del continente. Sin embargo, la exclusión de Venezuela, Cuba y Nicaragua, considerados por Washington como “regímenes dictatoriales”, ya había generado divisiones antes de la cancelación. Países como México y Colombia habían anunciado su negativa a participar en protesta por la medida, debilitando la cohesión del bloque.
El cambio de fecha fue respaldado por Estados Unidos, que manifestó su apoyo a través del jefe de la diplomacia estadounidense, Marco Rubio, quien expresó: “Apoyamos plenamente la decisión de posponer la cumbre y seguiremos colaborando con República Dominicana para garantizar un encuentro productivo en 2026”. Según el comunicado oficial, el nuevo proceso de preparación incluirá consultas adicionales y un diálogo ampliado con los gobiernos que resulten “democráticamente electos” durante los próximos meses.
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Escalada militar y crisis en el Caribe
En paralelo a esta decisión, la región atraviesa una creciente militarización impulsada por Washington, que ha desplegado buques de guerra, aviones de combate, un submarino y miles de soldados bajo el argumento de combatir el narcotráfico. Estas operaciones, que comenzaron en agosto, han provocado al menos 65 muertes y generado tensión diplomática con Venezuela y Colombia. Caracas denuncia que el verdadero propósito es el derrocamiento de Nicolás Maduro, acusado por Estados Unidos de liderar una red de tráfico de drogas.
El presidente estadounidense Donald Trump declaró recientemente que “los días de Maduro en el poder están contados”, aunque descartó una guerra inminente. Por su parte, el mandatario venezolano afirmó que su gobierno mantiene un combate activo contra el narcotráfico. “Llevamos 63 toneladas incautadas y destruidas, además de campamentos y pistas ilegales eliminadas”, señaló durante su programa televisivo.
La tensión también ha salpicado a Colombia, cuyo presidente Gustavo Petro ha expresado preocupación por las maniobras militares, mientras Brasil, a través de su asesor Celso Amorim, pidió “evitar una intervención externa que solo generaría resentimiento”.
A este escenario se suma la devastación provocada por el huracán Melissa. El más poderoso en casi un siglo, que dejó cerca de 70 víctimas mortales y graves daños en países como Jamaica y Haití. En medio de esta combinación de factores, militares, climáticos y diplomáticos, la decisión de aplazar la Cumbre de las Américas refleja el esfuerzo dominicano por evitar un evento en medio del caos y preservar la estabilidad regional antes de un encuentro de tal magnitud.






