El anuncio del presidente Donald Trump reactivó la tensión entre Washington y Caracas después de que afirmara que Estados Unidos empezará “muy pronto” a frenar a narcotraficantes venezolanos por tierra. Este mensaje, transmitido durante una videollamada de Acción de Gracias con tropas estadounidenses desde Mar-a-Lago, marcó un giro en la estrategia antidrogas del gobierno estadounidense frente a Venezuela. Trump aseguró que la ofensiva terrestre complementará el trabajo marítimo que, según él, ya detuvo “en un 85%” el flujo de drogas hacia el país. El presidente sostuvo que el avance por tierra será “más fácil” y prometió que la fase operativa comenzará en un plazo cercano.
Caracas reaccionó de inmediato al recordar que Washington acusa a Nicolás Maduro de encabezar el supuesto Cartel de los Soles, recientemente designado como grupo terrorista por Estados Unidos. El gobierno venezolano respondió calificando la medida de “ridícula patraña”, insistiendo en que la narrativa antidrogas oculta una intención política. Desde septiembre, fuerzas estadounidenses han atacado más de 20 embarcaciones presuntamente vinculadas al narcotráfico en el Caribe y el Pacífico, dejando al menos 83 muertos. Washington también movilizó al Caribe el portaviones Gerald Ford, acompañado de buques de guerra y aviones caza dedicados, según la Casa Blanca, a operaciones contra redes criminales. Maduro denunció que la maniobra militar busca derrocarlo y controlar las reservas petroleras venezolanas.
Las autoridades estadounidenses no han ofrecido información detallada que confirme que los blancos de los bombardeos eran realmente narcotraficantes. Venezuela denuncia estos episodios como “ejecuciones extrajudiciales”, afirmando que se trata de acciones unilaterales sin supervisión internacional. Trump, por su parte, autorizó operaciones clandestinas de la CIA en territorio venezolano bajo el argumento de proteger la seguridad estadounidense. El mandatario también ha afirmado que podría conversar “en algún momento” con Maduro pese al discurso de confrontación. La dualidad entre presión militar y posibles contactos diplomáticos mantiene la incertidumbre sobre el rumbo de la política estadounidense hacia Venezuela.
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Escalada regional y dudas sobre la estrategia antidrogas
La combinación de ataques marítimos, movimientos militares y anuncios de acciones por tierra configura un escenario regional cada vez más complejo. Analistas advierten que las decisiones de Trump podrían profundizar las tensiones ya acumuladas entre ambos gobiernos y agravar la crisis humanitaria venezolana. Organizaciones defensoras de derechos humanos han solicitado explicaciones sobre la falta de transparencia en las operaciones estadounidenses, especialmente por el número de víctimas reportadas. Mientras Washington insiste en la necesidad de frenar el narcotráfico, Caracas argumenta que se trata de una campaña destinada a justificar una intervención encubierta. El panorama continúa dominado por declaraciones cruzadas, ausencia de verificaciones independientes y un creciente riesgo de confrontación regional.






