Esta semana, legisladores de Aruba denunciaron un parlamento paralizado y sin respuestas, asegurando que “es un parlamento muerto”. La parlamentaria Evelyn Wever-Croes lideró la crítica, explicando que las solicitudes de reuniones urgentes y pedidos de información sobre asuntos económicos y políticos no han recibido ninguna contestación.
Según la legisladora, la falta de cooperación y la ausencia de ministros en las sesiones dificultan ejercer un control efectivo sobre las decisiones gubernamentales, generando preocupación por la transparencia y la rendición de cuentas en la isla.
El problema se concentra en asuntos sensibles como la apertura del mercado petrolero venezolano y la influencia de la tensión entre Estados Unidos e Irán en la economía regional. La parlamentaria pidió al gobierno que explicara las medidas adoptadas o por implementar para proteger a Aruba de posibles incrementos en el precio del petróleo, pero el gobierno ha ignorado sus solicitudes, lo que aumenta la sensación de desinformación y refuerza la percepción de que el Parlamento no cumple su función de supervisión política.
Lea también: Dangui Oduber: “¡La Ley del Reino HOFA destruirá nuestro Status Aparte!”
Preocupación democrática y búsqueda de alterntivas
La paralización del Parlamento ha generado alarma sobre el acceso a la información y la transparencia, ya que la ciudadanía no recibe detalles sobre decisiones que afectan directamente la economía del país. Los legisladores recalcaron que, sin un funcionamiento adecuado, la democracia se encuentra bajo presión, y que es necesario implementar cambios para garantizar debates efectivos y decisiones responsables en temas estratégicos para Aruba.
Como alternativa, señalo que se han planteado llevar los debates a otros parlamentos del Reino de los Países Bajos e incluso al Parlamento Europeo, con el objetivo de buscar apoyo y ejemplos de reformas que permitan mejorar la eficiencia institucional y fortalecer la supervisión legislativa.
Estas reclamaciones coinciden con el aniversario número 40 del parlamento de Aruba, un momento que, según los críticos, debería ser de reflexión sobre la salud democrática de la isla y la necesidad de proteger su funcionamiento, garantizando que las decisiones políticas se tomen con transparencia y responsabilidad.






