Un reciente estudio estadounidense ha revelado una preocupante relación entre el consumo de carnes ultraprocesadas y bebidas azucaradas con el deterioro cognitivo y la demencia, incluida la enfermedad de Alzheimer. Según los hallazgos, una sola ración extra diaria de estos productos puede elevar significativamente el riesgo de daño cerebral con el paso del tiempo. Los investigadores de la Universidad Tecnológica de Virginia (Virginia Tech) llegaron a esta conclusión tras analizar los hábitos alimenticios de miles de adultos mayores durante varios años.
El equipo científico utilizó datos del Estudio de Salud y Jubilación de la Universidad de Michigan, en el que participaron 4.750 estadounidenses mayores de 55 años. A lo largo de siete años de seguimiento, los expertos evaluaron el estado cognitivo de los voluntarios cada dos años entre 2014 y 2020. Los resultados fueron contundentes: quienes consumían más carnes procesadas y bebidas con azúcar presentaban una pérdida más rápida de sus capacidades mentales en comparación con quienes mantenían una dieta más equilibrada.
Carnes procesadas y bebidas azucaradas: una combinación peligrosa
De acuerdo con el estudio, las personas que ingerían una ración adicional de productos cárnicos ultraprocesados —como salchichas, salami o pizzas listas para comer— incrementaban en 17% su riesgo de deterioro cognitivo. En tanto, aquellos que añadían una bebida azucarada extra al día veían aumentar su probabilidad de daño cerebral en 6%. Aunque el impacto de las bebidas era menor, los investigadores advirtieron que ambas categorías de alimentos representan una amenaza silenciosa para la salud cerebral a largo plazo.
Un dato curioso del informe es que el consumo total de alimentos ultraprocesados (UPF) no mostró una relación significativa con la pérdida cognitiva general. Sin embargo, los productos de carne y las bebidas endulzadas destacaron como los más perjudiciales. Los científicos no hallaron efectos similares en los dulces, cereales, aperitivos o productos lácteos precocinados, lo que sugiere que no todos los alimentos industriales tienen el mismo nivel de impacto en el cerebro humano.
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Cambiar los hábitos sí puede marcar la diferencia
La profesora Brenda Davy, coautora del estudio y especialista en nutrición de Virginia Tech, enfatizó la posibilidad de revertir o reducir estos riesgos mediante una dieta equilibrada y hábitos saludables. “Hay cosas que se pueden cambiar. Lo importante es la moderación y un comportamiento razonable en las elecciones alimenticias”, afirmó la investigadora, subrayando la necesidad de reducir el consumo excesivo de productos procesados.
Según las cifras presentadas, en 2020 el 65% de los alimentos y el 38% de las bebidas adquiridos por los hogares estadounidenses correspondían a productos ultraprocesados. Esta tendencia se repite tanto en jóvenes como en adultos mayores, quienes obtienen más de la mitad de su ingesta calórica diaria de este tipo de productos.
Por su parte, Ben Katz, experto en desarrollo humano de la misma universidad, destacó la importancia de fortalecer las habilidades culinarias como herramienta de salud pública. “Una cosa es seguir una dieta, y otra muy distinta es enseñar a la gente a prepararla”, señaló. Los autores concluyeron que reducir el consumo de carnes procesadas y bebidas azucaradas constituye una de las formas más simples y efectivas de proteger la salud del cerebro.






