La gran final del torneo juvenil se disputó este domingo en Santiago, Chile. Bajo un cielo plomizo y ante 43 253 espectadores, Marruecos sub‑20 se alzó con su primer título mundial al vencer a Argentina sub‑20 por 2-0.
Ambos equipos saltaron al campo con sendas ilusiones de gloria. Marruecos comenzó imponiendo su ritmo desde el pitazo inicial y encontró premio a los 12 minutos cuando Yassir Zabiri ejecutó un impecable lanzamiento libre directo que rompió el empate. Solo 17 minutos después, el mismo Zabiri definió de cerca con una gran definición para sellar el marcador. Argentina, multicampeón juvenil con seis títulos, no encontró respuestas e sufrió su segunda derrota en una final desde 1983.
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Triunfo de Marruecos: un nuevo gigante emerge en el fútbol juvenil
La victoria de Marruecos no solo representa un logro deportivo, sino un hito histórico: es la primera nación árabe en conquistar un torneo de la FIFA en categoría masculina. El equipo del norte de África exorcizó fantasmas del pasado y se consagró con solvencia. El técnico marruequí planteó una estrategia compacta y ofensiva, y su joven estrella Zabiri se convirtió en el símbolo del éxito.
Argentina, por su parte, vivió una final poco habitual. Su dominio en ediciones anteriores y su rica escuela de talentos no bastaron para doblegar a un rival más determinado. En el Estadio Nacional Julio Martínez Prádanos, el combinado albiceleste enfrentó una defensa férrea y no logró vulnerar la portería africana.
El ambiente en el recinto fue de celebración para Marruecos y de reflexión para Argentina. Los aficionados marroquíes desplegaron trapos y el rugido del público se convirtió en el eco de una galaxia futbolística que pisa muy fuerte. Para los argentinos, la derrota despierta preguntas sobre el futuro y el relevo generacional.
Este título marca un punto de inflexión en el fútbol juvenil global. Marruecos demuestra que con planificación, talento y convicción se pueden romper barreras históricas. Argentina, mientras tanto, deberá reinventarse para volver a la cima.
En definitiva, la final del U-20 en Santiago no solo coronó a un campeón, sino que escribió una nueva página en la historia del deporte mundial.






