JAPON – La tranquilidad de varias comunidades rurales japonesas se ha visto rota en los últimos meses por un incremento alarmante de ataques de osos. El fenómeno ha generado miedo entre los habitantes y una reacción inmediata de las autoridades, que incluso han solicitado apoyo militar.
Keiji Minatoya, pastelero de 68 años, recuerda con horror cómo un oso lo tumbó al suelo y le mordió la cara en el garaje de su casa. “Pensaba: ‘Así es como voy a morir’”, relata. Este ataque ocurrió en 2023, pero desde abril de 2025 se contabilizan 13 personas fallecidas y decenas de heridos, según datos oficiales.
Los ataques se concentran principalmente en el norte de Japón, donde osos pardos de hasta 500 kg y osos negros asiáticos han irrumpido en hogares, escuelas y supermercados. Entre las víctimas recientes hay hombres de 67 y 60 años, hallados muertos tras ataques en bosques y balnearios aislados.
Las autoridades japonesas indican que el problema se relaciona con el crecimiento de la población de osos y la escasez de alimentos, especialmente bellotas. Además, la despoblación rural y el éxodo de jóvenes a ciudades ha reducido la presencia humana, facilitando que los animales se acerquen a zonas habitadas.
Crecimiento de la población y medidas de control
El número de osos pardos se ha duplicado en 30 años, alcanzando 12.000 ejemplares, mientras que los osos negros superan los 42.000 en Honshu. Naoki Ohnishi, investigador del Instituto de Investigación Forestal, explica que “el tamaño de la población supera la capacidad de las montañas”.
Los expertos destacan que la fluctuación en la producción de bellotas, agravada por el cambio climático, obliga a los osos a buscar comida en entornos urbanos. Los cazadores tradicionales, o “matagi”, alertan que los encuentros se producen casi a diario. Entre abril y septiembre se abatieron más de 4.200 osos, y en Akita ya superan los mil sacrificados en 2025.
El gobierno japonés ha autorizado a policías y militares a disparar a los osos cuando sea necesario. Sin embargo, los recursos y cazadores disponibles son limitados, con solo 220.000 activos en 2020, la mitad que en 1980. Las autoridades confían en que el invierno, con la hibernación de los osos, reducirá temporalmente los ataques, aunque la amenaza persiste.
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Viviendo en un “safari de osos”
La población rural ha adoptado medidas de prevención: cuelgan cascabeles, colocan carteles de advertencia y comparten experiencias en bares locales. Hajime Nakae, médico en Akita, asegura que la situación es crítica: “Estamos asistiendo a una catástrofe… es como vivir en un safari para osos”.
El incremento de ataques y muertes representa un desafío sin precedentes para Japón, que combina crecimiento de fauna, despoblación rural y escasez de alimentos en un escenario de alto riesgo para sus habitantes.






