La candidata de derecha Keiko Fujimori se perfila como ganadora de la segunda vuelta presidencial en Perú, tras una estrecha ventaja sobre su rival de izquierda Roberto Sánchez. El resultado corresponde a los comicios realizados el 7 de junio y se desarrolla en un contexto de fuerte polarización política en el país.
El avance de Fujimori se consolidó al cierre del escrutinio preliminar, donde alcanzó una diferencia superior a los 43.000 votos. El conteo oficial, con más del 99% de actas procesadas, la ubica por encima de su contrincante, en una elección considerada una de las más reñidas de la historia reciente de América Latina.
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Un cierre electoral marcado por tensiones y cuestionamientos
El proceso electoral ha estado acompañado de controversia, especialmente por las denuncias del candidato de izquierda sobre el voto en el exterior. Roberto Sánchez rechazó reconocer los resultados preliminares y anunció acciones legales e internacionales, alegando supuestas irregularidades en la votación fuera del país.
Sin embargo, los organismos electorales han defendido la transparencia del proceso y validado el avance del conteo. El Jurado Nacional de Elecciones declaró improcedentes varios pedidos de nulidad presentados por el equipo de Sánchez, lo que refuerza la tendencia del resultado a favor de Fujimori.
De acuerdo con la Oficina Nacional de Procesos Electorales, la diferencia es matemáticamente irreversible, dado que las actas restantes no alcanzan a modificar el resultado final. La ventaja actual supera el margen necesario para consolidar la victoria.
En paralelo, observadores internacionales señalaron que la jornada electoral se desarrolló de manera ordenada, aunque en un ambiente político altamente dividido. El país vuelve a evidenciar una fuerte fractura entre regiones urbanas y rurales, con preferencias electorales marcadamente distintas.
La elección también refleja las preocupaciones principales del electorado, especialmente la inseguridad ciudadana, eje central de la campaña de Fujimori, frente a propuestas centradas en reformas institucionales y reducción de desigualdades impulsadas por su adversario.
Con este resultado, Perú se encamina hacia un nuevo periodo político que comenzará el 28 de julio, en medio de expectativas por la estabilidad tras años de crisis institucional y alta rotación presidencial.







