VALENCIA, ESPAÑA – La agencia española de meteorología Aemet emitió el lunes una alerta roja por peligro de lluvias torrenciales en la costa sur de Valencia, apenas un año después de las mortíferas inundaciones que afectaron la región. La medida se mantendrá hasta las 23:59 horas, calificándose de peligro extraordinario. Este aviso se da pocas horas después de que Cataluña registrara intensas precipitaciones y terminara su propia alerta roja activada la víspera.
En Cataluña, varias localidades amanecieron con agua acumulada en las partes bajas de los hogares y calles cubiertas de barro tras el paso de la dana Alice (depresión aislada en niveles altos). Videos en redes sociales y verificados por la AFP mostraron torrentes de lodo arrastrando coches y objetos durante la tarde y noche del domingo, dejando un escenario de caos.
El presidente regional, Salvador Illa, aseguró que, a pesar de este “episodio excepcional”, por el momento no se registraron muertes, mientras que el servicio de Protección Civil informó de 18 heridos, uno de ellos grave. Illa se desplazó a la zona afectada y pidió a los ciudadanos extremar la prudencia ante las condiciones meteorológicas adversas.
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Cierres temporales en principales carreteras
En Santa Bárbara, uno de los municipios más golpeados, el alcalde Lluís Gimeno calificó la situación de “riada histórica” durante declaraciones a la radio local. Las fuertes lluvias provocaron cierres temporales de carreteras principales, líneas ferroviarias, universidades y centros educativos, afectando la movilidad y la rutina diaria de los habitantes.
La autopista AP-7, eje clave de la costa mediterránea, reabrió tras los cortes, aunque se reportaron largos atascos y carriles cerrados en sentido norte durante la mañana. España, país vulnerable al cambio climático, sigue marcado por las devastadoras inundaciones de octubre de 2024, que dejaron más de 230 muertos en la región de Valencia.
Expertos en meteorología y cambio climático advierten que la actividad humana intensifica los fenómenos meteorológicos extremos, aumentando la frecuencia de lluvias torrenciales y el riesgo de inundaciones, subrayando la necesidad de medidas preventivas y planificación urbana frente a desastres naturales.






