VENEZUELA – Una bolsita con lo justo simboliza el panorama económico que enfrentan los venezolanos. El bolsillo de la población se ve cada vez más limitado. La aceleración de los precios diarios genera preocupación. Expertos alertan sobre un posible regreso de la hiperinflación, similar a la sufrida entre 2017 y 2021. El año pasado, la inflación oficial fue de 48%, según cifras del presidente Nicolás Maduro, mientras que el Banco Central no publica datos desde octubre de 2024. El FMI proyecta un aumento de 548% en 2025 y 629% en 2026, aunque analistas locales estiman cifras superiores a 800%, dejando en evidencia la incertidumbre del mercado y la vulnerabilidad de los ciudadanos.
Jacinto Moreno, comerciante informal en el centro de Caracas, resume la situación: “Si ganamos 20 bolívares, gastamos 50”, explicando la rápida pérdida del poder adquisitivo. Cada día suben los precios, agrega. Por su parte, Maduro defiende su gestión económica, señalando que las sanciones de Estados Unidos y su despliegue militar en el Caribe afectan las finanzas nacionales. Proyecta un crecimiento del PIB superior al 9% en 2025, mientras que el FMI estima apenas 0,5%, y otros analistas ubican la cifra en torno al 3%.
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Precios al alza y presión sobre los venezolanos
Norma Guzmán, ama de casa, sale del mercado con tres tomates en una bolsa, comentando: “Hago la compra a diario porque no alcanza”, reflejando la inflación que impacta en los consumos básicos. Oscar Torrealba, economista, proyecta un 811% de inflación para 2025. Advirtiendo que Venezuela se acerca a un escenario hiperinflacionario, de acuerdo con criterios de variaciones mensuales superiores al 50% durante períodos consecutivos. Otros especialistas señalan que una inflación interanual de 500% ya es considerada hiper, especialmente en un contexto global de bajos precios.
Pocos economistas locales se atreven a desafiar el discurso oficial, tras detenciones de profesionales y un exministro de Finanzas a mediados de 2025. Operativos policiales limitaron la divulgación del dólar paralelo, y la referencia quedó a libre albedrío entre cambistas y criptomonedas. A diferencia de crisis anteriores, actualmente no hay escasez significativa, pero los precios suben aceleradamente por ajustes de comerciantes ante la volatilidad.
El dólar se convirtió en moneda de facto tras la relajación de controles y disciplina fiscal aplicada por Maduro. La escasez de divisas, producto de operaciones limitadas de Chevron y venta de crudo a precios de descuento en mercados no oficiales, ha generado una brecha cambiaria que supera el 60%. El impacto se traslada directamente a la inflación, explica Juan Carlos Valdez, profesor de Economía Política y diputado oficialista. Según Valdez, los comerciantes ajustan precios más rápido que el tipo de cambio, incrementando la presión sobre la economía doméstica.






