Trece reclusos murieron este domingo en la cárcel de Machala, en el suroeste de Ecuador, en un hecho que profundiza la crisis de violencia que afecta al país. El SNAI, organismo encargado de las prisiones, confirmó las muertes y señaló que ya se realizan autopsias y procedimientos rutinarios para determinar oficialmente las causas. Las autoridades informan que la policía halló los cuerpos tras inspeccionar los exteriores de la penitenciaría luego de la detonación de un artefacto explosivo. Según medios locales, las víctimas murieron por asfixia, mientras que un dron cargado con explosivos provocó la explosión para distraer a los uniformados.
Este hecho se suma a otros episodios recientes en la misma instalación, donde casi un mes atrás 31 presos fallecieron, varios por asfixia, y a finales de septiembre otro ataque entre internos dejó 14 muertos, incluido un guardia penitenciario. Las masacres en Ecuador no son aisladas; las cárceles se han convertido en escenarios de operaciones de bandas del narcotráfico, enfrentamientos y violencia extrema. Según un informe de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH), desde 2020 al menos 663 reclusos han muerto en hechos violentos dentro del sistema penitenciario ecuatoriano.
Hace apenas un mes, el gobierno inauguró la megacárcel de Santa Elena, diseñada para albergar a 600 personas, y trasladó a cabecillas de bandas desde distintos reclusorios, incluidos los de Machala. A pesar de estas medidas, la violencia continúa y se documentan imágenes virales de cuerpos mutilados o quemados dentro de las prisiones, incluso escenas que muestran actos macabros como presos jugando fútbol con una cabeza humana. Entre enero y noviembre de este año, la CIDH contabilizó 72 muertes violentas en el sistema penitenciario ecuatoriano, evidenciando la gravedad de la situación.
Lea también: Terremoto de 7,6 sacude norte de Japón y genera alerta de tsunami
La respuesta del gobierno y el contexto del crimen organizado
El presidente Daniel Noboa ha defendido una política de mano dura contra el crimen organizado, siguiendo un modelo similar al de Nayib Bukele en El Salvador, y en 2024 declaró al país en conflicto armado interno para enfrentar a las mafias. Tras inaugurar la denominada Cárcel del Encuentro, para 800 personas, el gobierno difundió imágenes de reos con uniformes naranjas, manos atadas y cabezas rapadas, bajo supervisión militar. Sin embargo, casi dos años después de anunciar la guerra total contra el narcotráfico, la violencia no cesa y las masacres siguen ocurriendo tanto en cárceles como en barrios y espacios públicos.
Ecuador cierra el año con una proyección de homicidios récord de 52 por cada 100.000 habitantes, según el Observatorio del Crimen Organizado. Su ubicación estratégica lo convirtió en un punto clave para el narcotráfico internacional, sirviendo como puerta de salida de cocaína colombiana y peruana hacia Europa y Estados Unidos. En los últimos años, el país se ha consolidado como uno de los corredores más codiciados del Pacífico, lo que explica en gran medida la persistente violencia y los enfrentamientos sangrientos dentro del sistema penitenciario.






