El proceso electoral en Perú entra en una fase decisiva mientras el candidato de izquierda Roberto Sánchez propone la revisión total de los votos de la segunda vuelta presidencial frente a su rival, la derechista Keiko Fujimori, en un conteo casi final que mantiene al país en tensión.
El hecho ocurre en Lima, este viernes 12 de junio de 2026, en medio de un escrutinio que avanza al 98,27% y que ha generado dudas por la mínima diferencia entre ambos aspirantes. La solicitud surge por la estrecha ventaja que favorece a Fujimori y la necesidad de garantizar transparencia en el resultado. El proceso involucra a más de 18 millones de votos y mantiene en expectativa a toda la ciudadanía peruana.
El pedido de Sánchez busca que ambas campañas soliciten de manera conjunta una revisión exhaustiva del proceso electoral, especialmente en zonas donde, según su postura, podrían existir inconsistencias. La propuesta se da porque Fujimori lidera con 50,005% frente al 49,995%, una diferencia de apenas unos miles de votos.
Sin embargo, el equipo de Fujimori rechazó la idea de un reconteo general y pidió respetar los procedimientos establecidos por la autoridad electoral. En este contexto, el proceso continúa bajo supervisión de la ONPE y los jurados electorales, encargados de validar actas impugnadas y observaciones presentadas por ambas partes.
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Un país dividido mientras avanza el escrutinio final
El escenario electoral se desarrolla bajo una fuerte vigilancia institucional, con jurados electorales especiales revisando miles de actas impugnadas en distintas regiones del país. Estas observaciones incluyen desde disputas técnicas hasta boletas con anotaciones ofensivas, lo que ha ralentizado el proceso.
Mientras tanto, la ONPE continúa el conteo final, en un ambiente donde la diferencia entre los candidatos es tan reducida que cada acta puede cambiar el resultado. Fujimori ha pedido calma y confianza en el sistema, mientras Sánchez insiste en que se revise cada voto para evitar irregularidades en una elección extremadamente ajustada.
El balotaje del 7 de junio enfrenta a dos figuras políticas con trayectorias marcadas, en una elección que podría tardar entre dos y tres semanas en definirse oficialmente. La situación recuerda procesos anteriores en el país, donde los resultados finales también se conocieron con gran demora. En este contexto, el próximo presidente heredará un escenario político complejo y asumirá el liderazgo tras una década de alta inestabilidad institucional en Perú.







